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sábado, 13 de diciembre de 2014

“Es inevitable asociar este momento de la ciudad con la furia destructiva de los 90”

Balance de la última sesión:

El PRO logró los votos para que se le autorice seguir endeudando a la ciudad.
El presupuesto votado refleja más deuda, menos impuestos a grupos empresarios y más a los vecinos, más plata para su campaña electoral y menos para mantenimiento de escuelas y hospitales.
El “curro” de los derechos humanos a que se refirió el jefe de gobierno es una patoteada marketinera que oculta su apoyo a los represores. ¡Ni un solo peso para el Ente Público para la Memoria! ¡Se sacaron de encima a todos los lugares físicos que conservan la memoria del genocidio!

Pero también es cierto que la sesión hizo fracasar otro intento por reinstalar los edictos policiales con el cuento de los trapitos, los motochorros y los limpiavidrios.

Afuera del recinto transcurría un enorme festival de perseguidos: los centros culturales como manifestación de una ciudad que sigue buscando dónde encontrarse para compartir talleres de todas las cosas. Y la ley no se trató, no hubo ley. Todo sigue igual.

Y finalmente terminó la sesión en escándalo: un apriete armado por un bloque que juntaba los votos necesarios y sin embargo dejó al desnudo una interna que –como con el menemismo- nunca se sabe dónde puede terminar. Ellos mismos decidieron terminar la sesión sin votarse la concesión de cuarenta hectáreas de Lugano a un club de golf y el nuevo shopping del terrateniente local.


Y como en los 90 hay que aprender de los perseguidos, de los más afectados, de los precarizados y los traicionados. Juntarse, hacer el mayor esfuerzo para juntar todas las voluntades políticas posibles. Evitar primero que se siga destruyendo, y hacer los gestos necesarios para construir con toda la pluralidad posible una alternativa al menemismo moderno.